A propósito de Dios
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A propósito de Dios

13 diciembre 2019. 10:17 am

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El monólogo de Laura Dern en “Historia de un matrimonio” salta al ring y le pega un derechazo a la figura clásica del ‘padre ausente’, 25 años después de la muerte de Kurt Cobain.

El relato de las madres es complicado porque todo el mundo presume de tener una opinión. Y Dios nos libre de tener una opinión. Cualquiera con un portátil o una moleskine y un Bic es bienvenido a opinar porque la maternidad es ultraopinable. Opinamos sin ningún pudor de nuestras madres desde que nos las podemos cuestionar, allá por la adolescencia, hasta que somos madres y entonces, como posesas, empezamos a opinar las unas de las otras y a repartir pegatinas. Con una sonrisa, colocamos post-its de colores aquí y allá: Madre trabajadora, Cruasán, Helicóptero, GPS, Queer, Tra tra… Tras el relato que va de la madre oprimida a la culpable, pasando por el amor más grande de la galaxia, hasta el relato de la supuesta plenitud, hay cientos, miles de matices que cambian cada historia, haciendo de su naturaleza algo digno, cuanto menos, de respeto. Y ahí va mi opinión. Silencio en la sala. ¿Se me escucha al fondo? Pues bien:

De la maternidad (ajena) no se debería ni opinar.

Ni aunque seas el mismísimo Roy Galán, y mira que me gusta, si no has vivido la experiencia, pssssss déjalo pasar. Pero claro, esto no deja de ser una opinión. Otra. Y es que no hay nada en la maternidad que no se haya puesto ya por escrito, ni madre que no haya subido a la palestra y bajado varias veces, en ocasiones incluso voluntariamente y en bragas, como la buena de Courtney Love, y es que el tema tiene un juguillo como para 7 asados argentinos, con o sin chimi-churri. 

Porque lo cierto, Courtney, es que parece que te las has apañado sin el churri y a lo mejor no hubiera sido muy distinto si tu santo no se hubiera quitado del medio ¿O sí? A lo mejor se hubiera hecho el moderno y, con un gorro tejido por él mismo, hubiera dado paseos por Park Slope tras la clase Suzuki de Frances Bean. Aunque sospechamos que, de no ser así, se le hubiera perdonado, a fin de cuentas era Dios. El relato del churri ausente al que se le perdona la ausencia, empieza a volverse una opción en el relato de la maternidad consciente, y eso es peligroso. Tanto como un revolver apuntando en sentido equivocado, pero ¿se puede ser madre consciente y ausente? Sí, dijo Scarlett, por eso me las piro a L.A con Courtney y con Elsa.

Amigas, se puede todo. Y es que la maternidad va a seguir siendo un exilio te pongas como te pongas, y en el páramo maternal sopla el viento, está oscureciendo, los coyotes lejanos parecen la única compañía, y ganas dan de pedirles que dejen de mirar y al menos echen una mano. –¿Y quien te ha dejado aquí, reina? Pues muchas de las madres, alguna de nuestras amigas, una facción del feminismo, puede que tu santo o su madre o la tuya, o su abogada, tu jefe, la matrona o incluso medio chat del cole. Porque al final, te pongas como te pongas, en la lectura social todavía sales perdiendo. Y, aquí viene la brillante opinión de la magnífica Laura Dern: “Todo esto es culpa de Dios”.

Dios, sí. Ese tipo que baja a la tierra cada tanto, suelta el marrón a alguna virgen y luego, como tiene lío, se las pira, asegurando que llegará, si puede, para la cena.

No me esperes levantada, añade sin cerrar la Biblia, que estoy con lo mío y lo mío es gordo. Ayyyyyyyy y es que en la era del Tra-tra, “Mee too”, Greta Thunberg y Elsa de Arendelle, Dios sigue siendo un tío de barba. ¿Modernizado? Puede ser. Un hípster bienintencionado que tiene que salvar, como mínimo el Amazonas, de ahí parriba, menudo día. Pero sigue siendo un tío, así que una cosa tras otra, que no es multitasking, lo que explicaría tantas cosas del mundo. Pero bueno, ese es su legado y eso pesa sobre los hombros de nuestros compañeros de crianza, de nuestras madres y jefes de departamento. La cultura judeo-cristiana con sus barbas largas tiene una sombra alargada.

Marriage Story

Laura Dern, en este magnífico diálogo, paradójicamente escrito por un hombre, Noah Baumbach, (sí el marido de Gretta Gerwig y uno de esos tipos decentes que van por Brooklyn o Chamberí de la mano de sus hijas al salir de Suzuki, (como los que algunas tenemos la suerte de tener bajo el nórdico de Ikea, o alrededor, todo sea dicho). Como iba diciendo, Noah, levanta las faldas a nuestra cultura judeo-cristiana en un diálogo afilado, que juega a los dardos con esta sociedad de influencers, likes, haters y otras formas de opinión en forma de pulgar, donde se condena por omisión y se lincha públicamente antes de preguntar. Dios nos libre de opinar, y de hecho, lo hace. Ya opina él que para eso es Dios. De forma que cuando la buena de Scartett confiesa que a veces su hijo le pone de los nervios por que puede llegar a ser un poco cabroncete, Laura Dern la para y le suelta:

“Te voy a parar ahí. La gente no tolera a las madres que beben o le dicen a su hijo ‘cabroncete’. Lo entiendo, yo soy igual. Un padre imperfecto es aceptable. El concepto de buen padre solo se inventó hace unos 30 años. Antes era normal que los padres fuesen callados, ausentes, poco fiables y egoístas. Claro que queremos que no sean así, pero en el fondo los aceptamos. Nos gustan por sus imperfecciones, pero la gente no tolera eso mismo en las madres. Es inaceptable a nivel estructural y espiritual. Porque la base de nuestra patraña judeocristiana es María, la madre de Jesús, que es perfecta. Es una virgen que da a luz, apoya incondicionalmente a su hijo y sostiene su cadáver al morir. El padre no aparece. Ni para echar un polvo. Dios está en el cielo. Dios es el padre y Dios no se presentó. Tú tienes que ser perfecta, pero Charlie puede ser un puto desastre. A ti siempre te pondrán el listón más alto. Es una jodienda pero es lo que hay”

Y hasta aquí puedo leer… Menos mal que Kurt Cobain no vivió para contarlo, que para muchos era Dios y para otros una malamadre más, vamos un tío que no era multitasking…  (suspiro). El día que Dios vaya mucho más allaaaaaa como, Elsa y descubramos, que, suéltalo, sueltaloooo, es transpersonal y multiraza, se acabarán todos nuestros problemas. Pero surgirán otros. Así que ¡Feliz navidad! que la luz del tra tra entre en vuestros corazones. Y, como no puede ser de otra manera, ¡Con Dios!

Kurt Cobain

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