Suelta lo que no te pertenece

Crecimiento, Estilo de vida, Maternidad

Suelta lo que no te pertenece

19 octubre 2020. 8:00 am

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Reflexiones otoñales sobre cómo soltar nuestras expectativas y disfrutar de nuestros adolescentes

Creo que el otoño es mi estación preferida. No sólo porque es la estación más bonita de todas – esos colores, esos cielos, esas primeras chimeneas encendidas… – pero también me encanta esa sensación de ‘volver a empezar’ después del verano. Los que tenemos hijos en edad escolar además revivimos, aunque sólo dure un instante, la emoción del nuevo año académico – la inquietud por conocer a los nuevos compañeros, estrenar nuevos cuadernos, adentrarse en nuevos aprendizajes, vivir nuevas experiencias… Y los que tenemos hijos más mayores nos preparamos además para otro otoño en el vagón de esa montaña rusa que es la adolescencia. Y a pesar de toda la negatividad asociada socialmente a esta etapa de desarrollo, que se nos anuncia constantemente como un apocalipsis y el fin del disfrute de nuestros hijos, me resisto a caer en esa dinámica de lucha constante y sigo pensando que hay otra forma - a lo flippityflop! - de 'afrontarla' (y digo afrontarla con positividad y esperanza).

Suelta lo que no te pertenece
Foto: freestocks

los que tenemos hijos más mayores nos preparamos además para otro otoño en el vagón de esa montaña rusa que es la adolescencia

Reconozco que al principio esta etapa adolescente en la que todavía se encuentran mis hijas – este segundo nacimiento, que llama Laura Gutman – me producía una inseguridad tremenda. Quizá por recordar mi propia adolescencia, en la que me sentía insegura constantemente y no conseguía ser lo que se esperaba de mí. O quizá por la negatividad social asociada a la adolescencia a la que me refería antes.

Pero desde la madurez se afronta mejor y desde lejos es bastante más fácil vivirla. Y es medir la distancia a la que debemos colocarnos lo que resulta más difícil. Nos cuesta distanciarnos porque sentimos que vamos a perderlos. Y en lo que fallamos es en entender que no los perdemos. No los perdemos porque cambien, no los perdemos porque se comporten de forma distinta y no los perdemos porque se distancien. Pero sobre todo no los perdemos porque nunca fueron nuestros. 

Nos cuesta distanciarnos porque sentimos que vamos a perderlos. Y en lo que fallamos es en entender que no los perdemos…no los perdemos porque nunca fueron nuestros

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Foto: Neal Kharawala

Soltar es admitir que nuestros hijos no nos pertenecen.

El otoño es la estación de renovación, no de pérdida. Igual que las hojas se caen, pero el árbol sigue vivo, nuestros hijos se renuevan constantemente y no por ello dejamos de ser sus padres. Y de la misma forma que no hacemos nada para evitar que las hojas se caigan de los árboles, no deberíamos hacer nada para evitar que nuestros hijos cambien

El otoño es la estación de renovación, no de pérdida. Igual que las hojas se caen, pero el árbol sigue vivo, nuestros hijos se renuevan constantemente y no por ello dejamos de ser sus padres

Los padres tendemos a pensar que somos los responsables y causantes de todo lo que ocurre en la vida de nuestros hijos, que todo depende de nosotros – de lo que hagamos o dejemos de hacer. 

La adolescencia es el momento en el que empiezan a darse cuenta de que su vida les pertenece, y de que la responsabilidad de sus actos también es suya – pero eso sólo ocurrirá si dejamos que sea así y dejamos de asumir responsabilidades que no nos pertenecen. Existe un proverbio africano que afirma ‘Para educar a un niño es necesaria la tribu entera’

La adolescencia es el momento en el que empiezan a darse cuenta de que su vida les pertenece, y de que la responsabilidad de sus actos también es suya

No todo depende de nosotros, pues nuestros hijos no viven sólo en la burbuja del hogar (o no deberían) y están expuestos y participan de un sinfín de estímulos, lugares, personas y vivencias en las que no necesariamente estamos (ni debemos estar).

Suelta lo que no te pertenece
Foto: Ksenia Makagonova

Como decía Juana Márquez en el prólogo de la antología escrita por sus alumnos adolescentes (uno de ellos mi hija Olivia) de La Escuela de Escritores, ‘los padres deben morirse, los padres, los profesores, la tribu entera, porque de un día para otro los adolescentes se dan cuenta de que los padres y educadores no somos más que ‘otros’ que habitamos en el mundo, personajes secundarios de una historia que es su historia.’ 

Y por eso la antología se llama ‘No mates a la madre’. ‘La madre muere dentro de uno y la madre viva, quizá más viva que nunca, surge al otro lado, como una mujer más, alguien de carne y hueso.’

La madre muere dentro de uno y la madre viva, quizá más viva que nunca, surge al otro lado, como una mujer más, alguien de carne y hueso

Y eso es lo que quiero conseguir como madre, ser una mujer más, de carne y hueso, que acompaña a sus hijas desde la distancia y se ocupa de lo que le corresponde, que educa dando ejemplo, alaba en público y orienta en privado, resuelve lo que le toca como adulta, pero intenta permitir que se enfrenten al mundo ellas mismas y que tengan la oportunidad de interpretar su realidad y desarrollar y construir la identidad propia. 

Y siguiendo al filósofo Epicteto, que estoy leyendo estos días, me voy a aplicar en cumplir esta máxima ‘No pretendas que lo que ocurre ocurra como tú quieres, sino quiere que lo que ocurre ocurra como ocurre. Así el curso de tu vida será feliz’. Es un bonito trabalenguas que simplemente nos dice que aceptemos a nuestros hijos. 

No pretendas que lo que ocurre ocurra como tú quieres, sino quiere que lo que ocurre ocurra como ocurre. Así el curso de tu vida será feliz

Epicteto

Y así voy a vivir este otoño, aprendiendo a soltar lo que no me pertenece y sobre todo a soltar esa expectativa que tenemos los padres de que nuestros hijos estén felices todo el tiempo. Porque como personas que son, no es posible estar feliz todo el tiempo. Seguiremos intentando serlo, eso sí 😊.

¡Feliz otoño! 


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