El vals de la aceptación
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El vals de la aceptación

2 diciembre 2020. 8:00 am

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No parabas de quejarte de tu vida de antes y ahora has hecho de ella un santuario. Una meca a la que soñabas con volver, como si volver a los atascos, las prisas, las movidas con tu jefe, al pasado cercano, fuera una posibilidad. No se avanza hacia atrás, pero eso aún no lo sabías. Tampoco sabías lo del papel higiénico, ni lo de los aplausos, y reconozcámoslo, hubo unos cuantos memes de ponerse en pie. La gente se comportó de ponerse en pie. Los aplausos eran una orgía de buen rollismo y hasta te hiciste amiga de tu vecina, por fin tendíamos una mano a lo cercano. Y pensamos. Si te encierran en casa, a la fuerza has de pensar y pensar es justo lo que necesitábamos como sociedad, eso, y al parecer, hacer flexiones en el salón.

Hiciste todo eso, esperando que todo esto acabara pronto. Pero pasó algo. Resulto que tras el verano caíste en la cuenta de que esto no era provisional, a pesar de la semántica de lo temporal

El vals de la aceptación
Foto: Roberto Nickson

Hiciste todo eso, esperando que todo esto acabara pronto.

Pero pasó algo. Resulto que tras el verano caíste en la cuenta de que esto no era provisional, a pesar de la semántica de lo temporal: “estado de alarma”, “estado de emergencia”, “emergencia sanitaria”… Prometían soluciones rápidas, vacunas, remedios, anuncios que aseguraban que todos recuperaríamos lo perdido. Como si antes y después fueran una opción. La gente empezó a negarlo, lo negó con todo su alma, como si negarlo fuera una opción. Así que te enfadaste y lo pagaste en el chat del cole, reenviando fake news, discutiendo con tu cuñado, con todos los cuñados que se pusieron por delante. Viste unas cuantas series buenas, pero no viste las señales. Y un día te encontraste con tu pasado. Leíste que un ateniense en su vida había vivido dos guerras, una pandemia y tres hambrunas, que tus abuelos, dos guerras. Un profesor que a tus 18 años te dijo que “lo importante no es lo que te pasa si no lo que haces con lo que te pasa”, reapareció en escena y recordaste cuando, hace varias décadas, decías SÍ A TODO y lo probaste.

El vals de la aceptación
Foto: Charles Deluvio

Tímidamente dijiste sí al día de hoy. Otro día dijiste sí a la lluvia, sí a la regla, sí al chat del cole, sí a tu marido, sí a ganar menos, sí a no salir de casa

Tímidamente dijiste sí al día de hoy. Otro día dijiste sí a la lluvia, sí a la regla, sí al chat del cole, sí a tu marido, sí a ganar menos, sí a no salir de casa, sí a tu pie roto (sí, se me rompió un pie, que es como poner google en google: el confinamiento del confinamiento). Y luego bailaste en el salón: sí a perder amigas (que igual no lo eran tanto), sí a perder dinero, sí a perder abrazos, sí a perder trabajos, sí a perder el tiempo… toooodo el tiempo que antes dabas por sentado, sí a cuestionarte las cosas, sí a cambiar de piel, sí a viajar hacia dentro, sí a celebrar lo que has ganado y todo lo perdido… Sí a abrazar cada instante como un regalo inasible, raro, impredecible, lleno de presentes y de vacíos, como una barca que se acuna sola en medio de un mar en blanco, aún por escribir.


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