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La batalla de Berlín

22 junio 2021. 6:09 am

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Recientemente el respetable equipo de esta revista asistió a una mesa redonda con el SuperStar Robert Martínez.

Muchos fueron los consejos, las directrices y las cuasi órdenes que dio a todos nosotros, los soldaditos de luz de a pie. Porque sí, tal y como él dice, esta es una guerra no declarada, una guerra sutil, silenciosa y sibilina cuyos titulares de victoria campan a sus anchas en los monopolizados medios de propaganda del agresor. Hasta aquí, todo acorde con cualquier guerra que se precie.

Esta es una guerra no declarada, una guerra sutil, silenciosa y sibilina cuyos titulares de victoria campan a sus anchas en los monopolizados medios de propaganda del agresor

Todos los soldaditos quedamos muy alegres, inspirados y empoderados después de su charla, después de ese rancho que nos supo a gloria desde las trincheras. Y como en toda guerra, todo tiene su lado bueno y su lado malo. 

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Foto: Forencia Viadana

El lado bueno es que cada vez somos más y con armamento nuevo: del lado judicial, abogados extranjeros que inician demandas a nivel mundial; del lado sanitario, evidencias difíciles de esconder que, aunque no salgan en los medios de propaganda, se van extendiendo en los medios alternativos y sobretodo el boca a boca; del lado político, movimientos esperpénticos y un hastío de la gente con ellos, aunque sea solo de pensamiento; del lado espiritual, fabuloso, porque todo tiene que ver, y mucho, con que no se apague la luz.  Y la luz se mantiene.

Y para que no se apague la luz, y ganemos la guerra por todos los frentes (espiritual, político, sanitario, judicial) hay que lucharla de una manera muy particular. Ya nos lo advirtió Robert. El capitán ya lo ha dicho, pero yo no lo he bajado a tierra o pensado la manera en que se tiene que poner en práctica, hasta ahora.

El lado malo es que tenemos que hacer lo mismo que se hizo en la Batalla de Berlín.

Fue la última gran batalla en Europa durante la Segunda Guerra Mundial y la que le valió a los aliados la victoria sobre los nazis.

El lado covidiano en esta guerra es un lado muy convencido (iba a poner hipnotizado) de la “bondad” de su “gobierno”, los covidianos creen firmemente en su líder y ya están entrenados para despreciar, atacar y si se da la orden, eliminar a quien no sea covidiano.

Los covidianos creen firmemente en su líder y ya están entrenados para despreciar, atacar y si se da la orden, eliminar a quien no sea covidiano

Cuando el ejército ruso entró en Berlín (bueno, en Alemania entera) se encontró con un pueblo muy convencido de la bondad de su gobierno, su adoración a la vacuna salvadora, perdón, al Führer salvador, y estaban entrenados para despreciar, atacar y si se daba la orden, eliminar a quien no fuera nazi.

Todos y cada uno de los berlineses.

Por eso, cuando los rusos entraron en Berlín, encontraron tal fanatismo y resistencia, que la batalla se tuvo que lidiar cuerpo a cuerpo, casa por casa.

15 largos días duró la batalla sin tregua.

Y aún después de haber derrotado a los nazis, todavía restaban algunos berlineses dando por saco en pequeñas zonas.

La historia se repite, y esta vez, tal y como hicieron los soldados rusos, no va a ser un ejército entero el que, de un golpe, desmantele el circo, ni una bomba mediática que exponga la verdad y traiga implícita la victoria. 

No, ilusos.

La tenemos que luchar cuerpo a cuerpo, como en la Batalla de Berlín.

Cuando uno por uno de los estamentos del agresor venga a por nosotros, no podremos apoyarnos en el grupo, sino que tendremos que defendernos uno por uno, con nuestras armas.

Cuando uno por uno de los estamentos del agresor venga a por nosotros, no podremos apoyarnos en el grupo, sino que tendremos que defendernos uno por uno, con nuestras armas

La batalla de Berlín 1
Foto: Karen Uppal

Cuando nos llamen para vacunarnos, tendremos que decir, uno por uno, “no gracias”.

Cuando en los colegios anuncien que mañana vendrá el escuadrón sanitario a vacunar, tendremos que individualmente exponer por escrito a la Dirección del centro nuestra negativa. 

Cuando nos amenacen con que eso no es posible, tendremos en últimas que recurrir a un abogado, mal que pese.

Cuando el estamento policial nos amenace con multas por no llevar mascarilla, o por estar más de 6 en una mesa, o por bailar-que esto de bailar ya aparece en el B.O.E.- tendremos que armarnos de valor y recitar lo que habremos aprendido de leyes y, si insisten, recurrir igualmente la multa, abogado si hace falta.

Cuando el covidiano de turno nos amenace, nos cuestione, nos etiquete, tendremos que hablarle desde nuestro centro bien anclado y exponer tranquilamente nuestra defensa, y en el peor de los casos, disparar como dice Robert. Esto es, mentir, que para eso es un arma de guerra, la misma que han utilizado ellos desde el principio.

Como véis, no fue así en general el Ejercito Rojo el que derrotó a los nazis y ganó la guerra. Fue la dedicación personal de cada soldadito, día tras día, puerta por puerta, cuerpo a cuerpo, los que en conjunto desmantelaron al covidiano, quien irónica y tristemente murió creyendo firmemente en el sistema que se había erigido como su salvador. 

Fue la dedicación personal de cada soldadito, día tras día, puerta por puerta, cuerpo a cuerpo, los que en conjunto desmantelaron al covidiano, quien irónica y tristemente murió creyendo firmemente en el sistema que se había erigido como su salvador

Es difícil luchar contra las mentes y ganar a los convencimientos, pero la historia nos demuestra que es posible.

Unos apuntes antes de terminar: 

1.

Recordemos que en esta última batalla, los ejércitos covidianos nazis estaban diezmados y solo quedaban los niños para luchar. Si la historia se repite, nuestros agresores se irán diezmando poco a poco, la narrativa irá perdiendo tal fuerza que ya no engañarán ni a los niños.

2.

Para poder diezmar al agresor o al menos debilitarle, es nuestro deber (sí, deber) ir avanzando en el terreno y darles guerra. Literal. Dar guerra significa llamar con tus deditos a Pfizer, o al Hospital que sea, o a la Asociación Española de Pediatría, o al colegio de Médicos, o a los medios de Propaganda, a preguntar por ejemplo dónde se puede ver el informe con los resultados del estudio de las vacunas. Es muy simple, y la respuesta sería muy simple si en realidad el estudio se estuviera haciendo pero no lo es: la respuesta es esperpéntica. Os invito a que lo comprobéis, a que hagáis vuestro trabajo y llaméis, pasaréis un buen rato ante las respuestas. También podéis preguntar por el misterio de los magnetizados, el porqué no se da un consentimiento informado, incluso por qué con tan bajas tasas del bicho, se necesita una vacuna. Cualquier cosa, cualquier duda es válida, lo importante aquí es, primero perder el miedo al agresor y segundo dejar la pereza. Que ellos sientan que, hey, hay alguien que del otro lado se está haciendo preguntas, me llaman cada día, y no tengo respuestas. Así que es deber de soldado hacer por lo menos una llamada a la semana.

3.

Recordemos que en esa batalla Berlín fue atacada por tres frentes, en una operación inteligentemente calculada. Ese es precisamente, el paso que nos falta. Los soldaditos de luz ya están, algunos capitanes ya se perfilan, las armas cada vez son más y mejores. Hace falta que los capitanes nos unan de alguna manera, y que se desarrolle una estrategia tan eficaz, tan precisa y tan perfecta, que esté a la altura de superar a años luz a la que logró la victoria en aquella batalla miserable.

Hace falta que los capitanes nos unan de alguna manera, y que se desarrolle una estrategia tan eficaz, tan precisa y tan perfecta, que esté a la altura de superar a años luz a la que logró la victoria en aquella batalla miserable

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Foto: Ettiene Girardet

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