obituario al escritor javier marias

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Oda a ese dandy cascarrabias

14 septiembre 2022. 1:25 pm

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Un obituario al escritor Javier Marías

En un chat grupal me enteré de la triste noticia. Estaba conduciendo y mi reloj sólo me dejó ver las primeras palabras del mensaje: “me acabo de enterar, qué pena”.

Me temía lo peor y no quise leer el mensaje hasta llegar a casa.

Todavía esperé más y me preparé un café y puse música antes de sentarme a leer la noticia, quería estar preparada para leer lo que sabía me iba a afectar. Y vaya si me afectó. Marías nos había dejado. Un 11 de septiembre, nada menos, con todavía los efectos de la luna llena. Esa luna cargada de tristeza que nos ha acompañado estos últimos días y que tanto se ha llevado.

¡ Y cómo no va a afectarnos la pérdida de Marías!

…alguien que no buscaba complacer con sus opiniones, por muy incómodas que pudieran ser para algunos, sino que se empleaba en ser él mismo

Además de ser un magnífico escritor, Marías era una persona íntegra, de las que no abundan en estos días y alguien que no buscaba complacer con sus opiniones, por muy incómodas que pudieran ser para algunos, sino que se empleaba en ser él mismo ( muy en línea con el objetivo que persigue flippityflop.es ). 

Polemizaba semanalmente en su columna de “El País” sobre temas políticos, sociales, culturales… hasta deportivos, con su impecable uso del lenguaje y con un humor tan peculiar como él. Vivía en el único edificio habitable de la Plaza de la Villa de Madrid, seguía escribiendo en máquina de escribir y fumaba sin parar. Era un vecino “gruñoncete” que compartía su descontento sobre el tráfico, los perros, los turistas, el mobiliario urbano… en su amado Madrid. O “cascarrabias”, como le llamó el humorista Joaquín Reyes en la batalla dialéctica que mantuvo durante días a raíz de un comentario de Marías sobre la dudosa valía de Gloria Fuertes a la que no pensaba que se debiera homenajear sólo por ser mujer.

Marías sabía escribir, porque sabía pensar, y se ocupaba de hacerlo y se tomaba el tiempo de darle vueltas a las cosas, de reflexionar, de discurrir y llegar a conclusiones

Y creo que Marías sabía escribir, porque sabía pensar, y se ocupaba de hacerlo y se tomaba el tiempo de darle vueltas a las cosas, de reflexionar, de discurrir y llegar a conclusiones. Quizá fue por tener un padre filósofo (el gran Julian Marías) y una madre maestra (maestra de las de antes, las que todavía alentaban a sus alumnos a pensar por sí mismos). 

Leer a Marías es como una eterna sobremesa –una de esas palabras intraducibles, tan nuestras como el jamón– en la que no hay agenda y se habla de nada y de todo mientras se dejan las horas pasar y se disfruta del arte de la conversación y de algún manjar –también tan nuestro. 

Leer a Marías es como una eterna sobremesa, una de esas palabras intraducibles, tan nuestras como el jamón

Y si hay un artista de la palabra, ese es Marías, con sus maravillosas y largas digresiones en cualquier momento de la trama o relato. Y son como la tónica, o apasionan o se odian. Existen los impacientes que quieren saber qué pasa y tienen ansiedad por llegar al final, pero también los que saben disfrutar del camino y no el desenlace – al igual que en la vida, donde es bastante más difícil que en la literatura, hay que admitir. Esa vida que prematuramente ha acabado para Marías pero que afortunadamente va a hacer la nuestra más llevadera gracias al legado que nos ha dejado. Y si no me creen, lean ustedes y sientan el placer en cada palabra:

“De casi nada hay registro, los pensamientos y movimientos fugaces, los planes y los deseos, la duda secreta, las ensoñaciones, la crueldad y el insulto, las palabras dichas y oídas y luego negadas y malentendidas o tergiversadas, las promesas hechas y no tenidas en cuenta, ni siquiera por aquellos a quienes se hicieron, todo se olvida o prescribe, cuanto se hace a solas y no se anota y también casi todo lo que no es solitario sino en compañía, cuán poco va quedando de cada individuo, de qué poco hay constancia, y de ese poco que queda tanto se calla, y de lo que no se calla se recuerda después tan sólo una mínima parte, y durante poco tiempo, la memoria individual no se transmite ni interesa al que la recibe, que forja y tiene la suya propia.”( Marías, Javier. “Mañana en la batalla piensa en mí”).

No hagan mindfulness, ni mediten, lean a Marías y trabajen la paciencia, el sosiego y el ritmo lento. Y si les pasa como a mí, que “salí de la ensoñación, me volvieron las prisas” …es momento de releer a Marías. 

obituario al escritor javier marias
Ilustración: Julieta Hernández

Julieta Hernández es editora, yoguini y soñadora profesional.

Puedes seguirla o contactar con ella desde aquí.

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