Objetos e historias en la cuarentena

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Objetos e historias en la cuarentena

20 abril 2020. 9:00 am

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¿Por qué no miras a tu alrededor y descubres lo que los objetos que te rodean quieren contarte? ¿No te parece un momento ideal para recordar tu historia y conocerte mejor durante este confinamiento tan inesperado? 

Mi mente racional me dicta que, dadas las circunstancias, debería escribir sobre la capacidad del hombre para adaptarse a cualquier cosa, sobre cómo una situación como la que estamos viviendo saca lo que realmente somos cada uno, lo que tenemos dentro. Pero hoy estoy demasiado asustada para hacer eso. Y me he puesto a mirar a mi alrededor los objetos que me rodean y esa observación silenciosa me ha llevado a la serenidad.

Los objetos son grandes contadores de historias. 

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En mi mesa tengo una taza que se fisuró y ya no sirve para alojar líquidos, pero sí para mis lápices, bolígrafos y tijeras.

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La compré en Cambridge, en uno de mis muchos viajes a esa ciudad almidonada (y que, al igual que Oxford, se ha quedado estancada en el tiempo, como bien describía mi admirado Marías en ‘Todas las almas, esa  novela autobiográfica sobre su estancia de dos años como lector en aquella Universidad), ciudad en la que solía pasar una semana al mes en una época de mi vida. Ahora recuerdo esa etapa con cierta nostalgia, pero en ese momento me pesaban mucho esos viajes.  La taza conmemoraba los ochocientos años de la Universidad de Cambridge y Quentin Blake quiso celebrarlo ilustrando una escena imaginaria a lo ET en la que decenas de profesores con sus togas vuelan en bicicleta en un cielo en el atardecer. Quién sabe si pedalean hacia el conocimiento. Una estampa muy académica y que me recuerda que nunca dejaré de querer aprender. 

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También me acompaña mi lámpara preferida. Ésta la compré en mi nueva casa de soltera después de divorciarme. Fue una compra online totalmente práctica y funcional, pues en el reparto me faltaban puntos de luz indirectos – no enciendo las luces generales en las habitaciones, sólo indirectas con bombillas amarillas. En la imagen sólo se veía un estampado circular-floreado, pero al llegar el paquete me llevé una grata sorpresa, pues la pantalla estaba hecha de croché. Me agradó tanto el material que pasó enseguida a ser mi lámpara favorita. Inocentemente pienso que esta simple lámpara es un elemento artesanal del que sólo existe este ejemplar, el mío.

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Y me ilusiona creer que es fruto del movimiento ‘Arts and Crafts’, fundado por William Morris en el S XIX que defendía que los objetos que se usan a diario deben ser útiles pero también  hermosos y que sus creadores deben ser felices en el proceso de creación. Mi lámpara tiene el tamaño perfecto – nunca me fijo en las medidas de lo que pido y a veces acierto por casualidad (tengo otra lámpara un poco liliputiense que imaginaba para otro lugar que el que finalmente ocupó por su ridículo tamaño) – y tanto es lo que me gusta que se ha convertido en una lámpara viajera que va conmigo a cualquier rincón de la casa (esta casa nueva en la que vivo ahora, tras mi segundo matrimonio, a la que también le faltan puntos de luz indirectos). Así puedo iluminar lo que me interesa y ‘apagar’ temporalmente otras cosas que pueden esperar mi atención en otro momento.

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Reparo también en una cajita diminuta con unos pequeños post-it señaladores en forma de gato negro. Y a pesar de su reducido tamaño todavía hay sitio para otro gatito, esta vez en forma de playmobil gris. La cajita me la regaló mi amiga Natalia, y representan y me recuerdan a  mis dos gatitas, Babá y Lana. Adopté a Babá con mucho reparo, pues nunca había tenido animales antes y me ha aportado mucho más de lo que nunca hubiera imaginado. Trajimos a Lana para acompañar a Babá y que no estuviera tan sola. Fue elegida con una función y cuando nos mudamos a esta nueva casa con dos gatitos y más personas creo que decidió que su función ya se había cumplido y no prestó atención al cruzar la calle.

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Babá me recuerda al gato filósofo de Soseki y va descubriendo nuestras singularidades con su observación y acompañamiento constante, mientras que Lana era más similar a la gatita vecina, Mikeko, que vivía en la opulencia junto a su dueña y la música de su arpa y también corrió peor fortuna que el gato sin nombre. Sigo acordándome de Lana cada vez que me lavo las manos, pues cualquier lavabo era el lugar perfecto para su siesta. Me doy cuenta de cuánto se puede aprender de los gatos pues tienen muy claras sus prioridades y necesidades y las satisfacen inmediatamente - cuando están cansados duermen, cuando tienen hambre, comen y cuando quieren mimos lo solicitan claramente.  

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A mi izquierda me acompaña la gran lámina de la película ‘La La Land’. No es la del gran cartel sino una alternativa con una azul más pastel de fondo en los personajes en el momento final homenaje a los musicales. Los nombres de Ryan Gosling y Emma Stone están escritos en un rojo carmín sobre un fondo sepia creando un conjunto muy equilibrado y un placer para la vista.

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Esta es mi ventana a la fantasía y a los sueños y me hace pensar una y otra vez, como en La La Land, qué podría haber pasado si hubiera elegido otro camino. Porque nuestras decisiones definen nuestro destino. Y qué bien lo decía Robert Frost en su poema ‘El camino no elegido’  ‘Dos caminos se abrían en un bosque, y yo, elegí el menos transitado y eso supuso toda la diferencia’.

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Y termino con una casita de madera, un pisapapeles que me regalaron mis compañeros cuando decidí dejar mi último trabajo por cuenta ajena. En esta casita está escrito ‘Hoy no tengo miedo’ y con ella me despedían con sus mejores deseos para mi nueva vida como autónoma. Sabia decisión de la que nunca me he arrepentido. 

Hoy no tengo miedo, pues me acompañan mis objetos, los que yo he elegido tener conmigo y me dan seguridad y me definen y por mucho que cambien las cosas siempre estarán conmigo. Al final he conseguido escribir lo que quería. Sí podemos adaptarnos a cualquier cosa y sí podemos averiguar lo que realmente tenemos dentro y conocer lo que nos define. 

Ahora que de manera obligada tenemos que pasar mucho tiempo en casa te invito a mirar a tu alrededor y a descubrir lo que los objetos que te rodean quieren contarte, sólo tienes que escuchar.

Feliz aislamiento y feliz escucha! 


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