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Ola de miedo en plena canícula

18 julio 2022. 9:44 am

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o cómo seguir amedrentando con la ola de calor

“Otro verano atípico” es lo primero que he leído en uno de esos mensajes sin leer de la noche anterior. 

Aun no había amanecido, así que pude comprobar que las estrellas estaban todas en su sitio. En el típico.

Igual que el año pasado. Y el anterior.

Como el calor. 

El mismo de cada año en la canícula, que era la forma en que los romanos denominaban a esos “días de perros” en los que la constelación del “Can Mayor”, liderada por Sirio, acompañaba las noches más calurosas apenas unas semanas después del solsticio.

Y eso no lo cambian ni la mismísima precesión de los equinoccios ni las ( para algunos inventadas) lluvias de “chemtrails”. 

No, no; a mediados de julio, en el llamado hemisferio norte, hace calor. Mucho calor.

Pero este año parece que es atípico, porque hay olas de calor que arrasan, asfixian, y provocan muertes repentinas demasiado parecidas a esas “repentinitis” que causan los medicamentos experimentales con receta universal tan de moda en el llamado mundo civilizado.

Este año nos asamos, y encima tenemos la culpa.

Ya nos lo avisó Greta cuando aun llevaba trenzas.

Y algo habrá que hacer al respecto para “ser responsables y cuidar el planeta”, ¿no?

Por eso es normal que un país tan civilizado y ejemplar como Francia nos de ejemplo prohibiendo eventos al aire libre y se empiecen a valorar los confinamientos climáticos por nuestro bien…y el del planeta, por supuesto.

Menos mal que se les ocurre avisarnos de que salgamos a horas en las que no nos puede dar “un chungo” y que para ello recurran a infografías en esos tonos rojos tan didácticos.

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Fuente: Meteored

Al fin y al cabo, si no nos educan y cuidan las autoridades, ¿quién lo va a hacer?

Si no nos recuerdan que quedarnos en casa es tan necesario como inyectarse la cuarta dosis para combatir el bicho volador, ¿qué será de nosotros?

Igual nos da por pensar por nosotros mismos y nos damos cuenta de la tomadura de pelo.

Pero no: cuando uno ya ha aceptado el chantaje y la humillación hasta el punto de poner su vida, salud y capacidad de raciocinio en manos ajenas no será nada raro que tenga miedo incluso del calor en plena canícula. 

Cuando uno ya ha aceptado el chantaje y la humillación hasta el punto de poner su vida, salud y capacidad de raciocinio en manos ajenas no será nada raro que tenga miedo incluso del calor en plena canícula

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