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Querida Alanis Morissette:

16 febrero 2020. 9:00 am

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Esto es convertirse en madre: hacer las maletas, sacar los salvoconductos y entregar en la frontera el imperio independiente que construiste con tus propias manos, aquello que te definió. Ver cómo meten tus pertenencias en bolsitas de plástico y las retienen como pruebas, evidencias de lo que fuiste. Pero es lo que toca, dice el Señor Agente, devolver temporalmente tu cuerpo, deshacerte de esas venas por las que antes corrían los compases de Smells like teen spirit, cambiar tu cabeza por otra con toma de tierra, ampliar tus caderas, reventar la cremallera de tu chupa de cuero y hacer hueco para los que vienen a okupar, contigo, tu lugar en el mundo.

Y este es el aspecto que cobra tu vida:

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¿Trasgresor eh?

A menos, claro, que NO seas Alanis Morissette, serás así.  

Una mujer que, de cero a cien, va por la vida con una mano en el bolsillo y otra sosteniendo tres vidas más, perdiendo el trasero por el carril madre de la vida, viviendo al otro lado de la frontera, pasados los Joshua Trees. Pero fíjate en la sonrisa, no emitas aún un juicio. Esta foto tiene más ovarios y más verdad que todo lo que vas a leer hoy en internet. 

Es una foto tomada en el olvidado país de las madres. El exilio de las mujeres. Un lugar al que, al parecer, no llegan lo oteadores de plataformas, ni los guionistas, directores o cazatalentos. Cuando eres una madre con el aspecto de Alanis Morissette, tu verdad, por muy real que sea, ya no interesa honey. Al parecer ni siquiera para escribir sobre el tema, (a menos que tengas followers suficientes para que un patrocinador de pañales arquee la ceja), pero ya sabes, Hollywood las prefería calladas y delgadas. –Del relato de la maternidad olvídate darling, que ya lo contamos nosotros, tú estás muy ocupada cambiando pañales. Risas enlatadas. –¿Y los partos? –Bueno, ya sabes que somos más de hervir agua y rasgar sábanas, resulta más vistoso, igual que la ya clásica escena de mujer chillando en posición de cúbito supino, pidiendo la epidural, Darling, puro morbo. Más risas enlatadas. –Sí, querida ya sé que decís que no es así, pero funciona en el inconsciente colectivo, así que no vengas a contarme que las mujeres en realidad no parís así, que el aspecto de una recién parida no es el de Victoria Beckham o que las madres no vais por la pradera cantando a lo Julie Andrews. Tranquila nena, que ya sabemos los del cine como es esto de ser mujer, madre, incluso tenemos PMS. RISAS ENLATADAS Y ALGUN APLAUSO.  Y, darling, si se puede contar en dos planos, mejor. 

Fin de la discusión.

Querida Alanis
Foto: Filo

Querida Alanis: no sé si a ti también te pasa, pero cuando alguien que no ha sido madre se pone a relatar la maternidad, me siento como cuando aquellos guionistas escribían sobre ser afroamericano, allá por los 70/80, desde el interior de sus jerseys de cuello cisne, con sus cigarrillos sin filtro y sus gafas de pasta, bien calentitos, bien intencionados, mostrándonos su visión del mundo desde sus escritorios blancos con vistas al Pacífico. –Y aún así funciona, Darling, te dirán muchos productores. Más risas enlatadas. 

Oscars se ganaron, desde luego, pero al otro lado de la frontera sentimos que es un relato que “casi” nos hemos tragado enterito, como la famosa lona de Netflix. Pero digo casi, porque no. Gracias a mujeres como Diablo Cody, Greta Gerwig, Phoebe Waller-Bridge, Lena Dunham o las 5 reinonas de Big Litle Lyes, por nombrar algunas, empezamos a escuchar otros relatos femeninos que sí se parecen al tuyo Alanis o al mío. La verdadera historia de mujeres, querida Alanis que, como tú, sufrimos anorexia, presión por ser eternamente jóvenes, guapas o delgadas, destierro laboral, acoso, techo de cristal, exilio maternal, depresión post-parto y luego, patada en el culo, en plan: –¿Qué dices que te pasa ahora, bonita? Uf qué pereza ¿no tendrás la regla, ese liquidito azul?, ¿Qué tienes perimenopausia? ¿eso existe?… –Y suma y sigue. 

Son justamente esas historias que nadie quiere oír, las que algunas nos morimos por escribir.

Querida Alanis, musa de mis early 90´s, sigues siendo una inspiración, con tu aspecto transgresor y tu sonrisa de madre, sigues rompiendo moldes. Eres luz en el camino, ahora te escucho con mucha más nitidez, haciendo headbanging y saltando, con el suelo pélvico arruinado, pero con VERDADERO conocimiento de causa.

Cause I´ve got one hand in my pocket and the other one is giving a pace sing.


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