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Actualidad, Estilo de vida

Cortar de raíz

31 marzo 2021. 9:35 am

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Por qué era tan importante impedir la Semana Santa y las reuniones familiares

Es inevitable revivir esas sensaciones que cada época del año logra poner en primer plano cual "magdalena de Proust", y esta Semana Santa “se lleva la palma” (aunque ya sea complicado encontrar una debido a las restricciones covidianas). Sí, porque la cultura de un país, formada por ciertas costumbres y tradiciones, esparce sus semillas por el lenguaje, los pequeños gestos o curiosos rituales. Y así, la cultura general acaba impregnando la familiar, que a su vez forma un extenso tejido que la retroalimenta.

Y cuando llega esta época del año, inconscientemente esperamos el ambiente de las procesiones, aunque sea para quejarnos de que cortan el tráfico, o para despotricar contra el traje de los Nazarenos. Esperamos irnos a la playa, aunque casi siempre haga frío y haya atasco a la vuelta. Esperamos comer torrijas, aunque no nos gusten, y reunirnos con nuestras familias, aunque sea para discutir. Normalmente esperamos todo eso. “Normalmente”: esa palabra cuyo significado ya no reconocemos.

Esperamos comer torrijas, aunque no nos gusten, y reunirnos con nuestras familias, aunque sea para discutir. “Normalmente”: esa palabra cuyo significado ya no reconocemos.

Porque ¿qué esperamos inconscientemente este año? ¿Qué pasa cuando una sociedad o persona sufre un “trauma”? Que sus consecuencias se llevan por tierra todas las experiencias anteriores, pues su poder de atracción es tal que funciona como una especie de “reseteo”. Uy vaya, me ha salido la palabra “reseteo”, ese anglicismo que se parece tanto al “Great Reset”, ese plan globalizador planeado desde hace décadas por las élites que controlan el mundo gracias a los medios de comunicación y los laboratorios de ingeniería social. Vaya. Pues ya es casualidad que me salga esa palabra justo ahora, que estaba reflexionado tranquilamente sobre la Pascua. 

El caso, para no liarme en “conspiraciones”, es que este año nos vienen los recuerdos del año pasado, de esa Semana Santa que pasamos encerrados aplaudiendo y montando circos en los balcones. Y esos recuerdos se solapan con los anteriores, dándoles un aire nebuloso y lejano. Porque en la “psique” se produce lo que, tal y como nos contaba la genealogista Mireia Nieto, se conoce como “síndrome de aniversario”, un mecanismo por el cual tendemos a repetir situaciones dolorosas de forma inconsciente, y por el cual quizás este año no haya hecho falta confinarnos, porque ya nos confinamos solitos. Porque ya no hacen falta normas drásticas para que una población entera adopte unas nuevas costumbres que la definan como “responsable” y normal. Porque la “nueva normalidad” ha redefinido lo aberrante como normal, y lo normal como negación de la realidad.

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Foto: XiaoYun Li

Ya no hacen falta normas drásticas para que una población entera adopte unas nuevas costumbres que la definan como “responsable” y normal. Porque la “nueva normalidad” ha redefinido lo aberrante como normal, y lo normal como negación de la realidad.

Porque, como cualquier aficionado a la jardinería sabrá, a una planta tienes que arrancarla de raíz para que no vuelva a salir. Y así ya podrás plantar en esa tierra lo que te apetezca.

Un par de años más y ningún niño recordará que lo normal era visitar a sus abuelos en Semana Santa y Navidad, o verles la sonrisa (y hasta los mocos) a tus amigos. Y eso será lo normal. 

O puede que no.

Para eso estamos.


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