solo sí es sí

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Thelma, Louise…e Irene Montero

2 septiembre 2022. 2:39 am

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De víctimas, heroínas, “me too” y “solo sí es sí”

Hace muchos años, cuando en el mundo aún quedaban algunos hombres que se comportaban como hombres y unas pocas mujeres que ejercían como tales ( escapando de la engañosa igualdad promovida por esas élites que gobiernan el mundo para desempoderarlas a través de la enemistad y competencia absurda con sus compañeros) apareció una película que arrasó y plantó la semilla de lo que hoy ya es una triste realidad con difícil vuelta atrás: la mujer como víctima.

Susan Sarandon y Geena Davis, cuidadosamente atrezadas como pobres pueblerinas que huyen de sus terribles y abusadores novios/maridos, deciden “liberarse” comportándose como adolescentes descontroladas

Susan Sarandon y Geena Davis, cuidadosamente atrezadas como pobres pueblerinas que huyen de sus terribles y abusadores novios/maridos, deciden “liberarse” comportándose como adolescentes descontroladas a las que se les ocurre emborracharse en un bar de carretera, refregarse con el primero que pillan, y, a continuación, hacerse las ofendidas ante las consecuencias de sus propios actos.

Por si alguien no ha visto semejante joya del cine feminista, procedo a destriparla ( ¡uy perdón!: a hacer un “spoiler”) contando que se vienen arriba a lo loco y acaban incluso jugando con fuego…y que cuando se han metido en tantos berenjenales que ya no saben cómo salir ( me refiero como adultas), hacen un último alarde de madurez tirándose con su descapotable por un barranco y convirtiéndose en las heroínas de eso que llaman “feminismo”.

Toma esa.

Aún recuerdo las vanas y acaloradas discusiones con mis compañeras de clase que, sin saberlo, habían comprado el paquete envenenado del feminismo y a las que les parecía tan genial esa suerte de falsa “road movie” liberal.

Tan liberal como el aborto, el otro tema con el que me solía quedar sola por aquel entonces ( y aún ahora), acusada de retrógrada y poco comprensiva con las pobres mujeres cuya decisión más sensata y coherente debía ser la de cometer un asesinato para poder realizarse y no “estropear sus vidas”. 

En fin, que el plato ya se sirvió hace mucho tiempo, pero es ahora cuando estamos empezando a saborearlo, con toda su riqueza de matices.

Tan sólo un poco antes de que las élites se quitaran la careta y encerraran a medio mundo en casa (convenciéndoles de que lo más sano era respirar con un trapo en la boca e inyectarse un experimento genético, y de que existían 102 géneros, por supuesto, de libre elección) las ya liberadísismas actrices de Hollywood (con nuestras heroínas Geena Davis y Susan Sarandon al frente) contaron al mundo lo terrible que era ser mujer en un mundo lleno de depravados sexuales ( es decir: hombres). 

Lo que se les olvidó a todas ellas es su responsabilidad ante los hechos: sí, eso que se presupone a los adultos

Lo que se les olvidó a todas ellas es su responsabilidad ante los hechos: sí, eso que se presupone a los adultos ( valga el masculino como genérico ) y que parece que es mucho suponer, porque, querida víctima, cuando alguien llega al punto de echársete encima, lo más probable es que haya habido una situación anterior en la que haya deducido, gracias a toda esa comunicación no verbal ( e incluso verbal ) que las mujeres nos sabemos “de pe a pa”, que podía hacerlo.

Seguramente ha habido cientos de pistas, multitud de momentos para parar. Pero cuando quieres el beneficio sin el precio, cuando no puedes decirle a alguien a la cara un simple ( o a veces no tan simple) NO, luego necesitas escudarte en la victimización, y demonizar a un supuesto oponente que, en muchos casos, simplemente ha cumplido con su parte de la coreografía. Por supuesto que hay excepciones, pero son eso: excepciones.

Y así llegamos a donde llegamos: a una ministra “feminista” encantada de haberse conocido, celebrando victoriosa una ley por la que cualquier mujer ( por ende, víctima) puede denunciar a un hombre de cualquier barbaridad sin, ni siquiera, aportar pruebas

Y así llegamos a donde llegamos: a una ministra “feminista” encantada de haberse conocido, celebrando victoriosa una ley por la que cualquier mujer ( por ende, víctima) puede denunciar a un hombre de cualquier barbaridad sin, ni siquiera, aportar pruebas, ….porque ya no hacen falta, por supuesto.

A estas alturas de la película ya están repartidos los papeles de víctimas y verdugos, y las víctimas (cómo no), siempre tienen razón.

Debe ser una lástima que aún quedemos unos cuantos ( vuelva a valer el genérico…sin arroba ni nada ) que, pese a quien pese, jamás se la vayamos a dar.

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