Transformar el error

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La mierda y el oro: Transformar el error

18 mayo 2020. 9:00 am

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Aprendizajes en contacto con la naturaleza

Cuando dejamos de necesitar presentarnos como fuertes, inteligentes e infalibles, cuando aceptamos los errores y hacemos por repararlos, ganamos en fortaleza. Es chocante, pero al mostrarnos con nuestra imperfección y vulnerabilidad nos sentimos más seguros. Porque ya no hay nada más que ocultar ni proteger.

Hablando de errores, parto de uno propio. No es que considere una equivocación integral mi último artículo publicado en prensa y titulado “Cuando la libertad está en el interior”, pero el texto contiene  afirmaciones con las que no estoy de acuerdo. Son tropiezos que no son casuales y que me traen noticias de mi propia imperfección. Concretamente, de mi propia rigidez y de cómo tiendo a crear falsas disyuntivas: si no es A es B, si no aprovechamos el confinamiento creativamente entonces va a extenderse nuestra propia devastación. 

Transformar el error
Foto: Oleh_Slobodeniuk

En ese momento no supe percibir la enorme multiplicidad de posibilidades y combinaciones de aspectos intermedios y contrarios que se da en la  naturaleza y que es propia de la vida. Cómo se me cuela la lógica excluyente de que creatividad y devastación no pueden convivir. Vengo observando cómo muchos conflictos se resuelven renunciando a excluir lo opuesto. Integrándolo, de hecho. Y me animo por tanto, como en todos mis textos, a compartir lo aprendido en carne propia.

Cómo se me cuela la lógica excluyente de que creatividad y devastación no pueden convivir

Dicho esto, y ya que nos hemos encontrado pensando en remediar errores, os cuento que estoy tratando de reducir mi consumo de pantallas, tal y como proponía en el artículo anterior. Y entre mis paisajes cotidianos, libres de notificaciones del móvil y del propio móvil siempre que mi propia voluntad me lo permite, descubro detalles botánicos impensados alrededor de mi casa (soy una privilegiada que vive en el campo tras renunciar a una vida en la ciudad). 

Observo los abejorros, las lombrices y multitud de nuevas flores y bichos con mi hijo de cuatro años. Cavo la tierra mientras el pequeño hace collares de alambre, atizo la cocina de carbón mientras el niño se asoma para ver las llamas que le permitirán cocer sobre la chapa dientes de ajo mezclados con fresas. 

Y mientras planto acelgas, pienso en los millones de personas encerradas en pisos. Siento el sinsentido y la frustración de los niños encerrados y la ansiedad de los adultos sobrepasados. Y me pregunto cómo la mayor parte de nosotros hemos terminado viviendo amontonados entre asfalto, algo totalmente natural para mí hasta hace unos pocos años. Vivir en el campo no es la solución ni la opción “correcta”, de hecho muchas personas son felices en la ciudad. Pero puede ser interesante revisar en medio de este colapso nuestro grado de cuidado y unión con la tierra. 

Transformar el error
Foto: Alina Rosanova

No es agradable cuestionarse nada de la propia vida, y sin embargo el miedo y la frustración tan presentes en estos días nos traen muchas preguntas

No es agradable cuestionarse nada de la propia vida, y sin embargo el miedo y la frustración tan presentes en estos días nos traen muchas preguntas. Ahora podemos decidir dejar que los interrogantes broten y regarlos. Porque las preguntas honestas abren la mente y el corazón, generan búsquedas y avances.

Y entre las dudas nuevas y las que teníamos olvidadas, vayamos soltando las certezas que afilamos cada noche para la batalla del día siguiente. Convirtámonos en revolucionarios, practicando la no violencia en tiempos de guerra. Y entonces, sabiendo que no sabemos y que no hay una única opción correcta, vayamos, si queremos, más adentro aún.

Atrevámonos a vernos con nuestro dolor histórico a cuestas, con nuestros errores y flaquezas. Porque en esas partes oscuras que contienen los restos en descomposición de nosotros mismos es donde yace nuestra tierra más fértil. Donde la mierda pasa a ser abono puede producirse el verdadero crecimiento. 

Donde la mierda pasa a ser abono puede producirse el verdadero crecimiento

Transformar el error
Foto: Galina Zhigalova

Entonces, y si sustituimos la vieja culpa por conciencia y compasión, podremos empezar a ensayar cómo sería amarnos en nuestra bella humanidad imperfecta. En esta tarea de poner luz sobre nuestros errores es inevitable que empiecen a marchitarse las exigencias de perfección y las expectativas sobre el otro. Y tal y como ocurre en la naturaleza, algo nuevo brotará nutriéndose de eso que ya no es maloliente sino tierra fértil. Porque habrá sido transformado por nuestra propia mirada amorosa. Entonces, y si hacemos en tiempo presente por remediar el error, floreceremos y florecerán amistades, amores y ma-paternidades más auténticas

Laura Alonso Ortega es terapeuta de Biografía Humana y periodista


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