¿Por qué no podemos tod@s ser “queer”?
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¿Por qué no podemos tod@s ser “queer”?

31 enero 2020. 9:00 am

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Podríamos presentar a Christopher Larkosh destacando su brillante currículum académico, hablar de su actual puesto de profesor en la Universidad de Massachusetts en Dartmouth (USA), o de todos los países en los que ha vivido o libros que ha publicado. También podríamos decir que la palabra “políglota” se queda corta ante este estadounidense que desafía todas las estadísticas de sus compatriotas al dominar quién sabe cuántos idiomas y “chapurrear” decentemente otros tantos. Pero no estamos aquí para eso, sino para hablar de cosas más importantes, como el maquillaje de Agnetha en un vídeo ABBA: estamos aquí para hablar del espíritu “queer”.

Finales de octubre de 2019. Chris ha venido a dar una conferencia a la Universidad de Valencia, dentro de unas jornadas sobre feminismos, sí, en plural. 

- ¿En serio la has dado en valenciano?- pregunto con escepticismo.

- Claro - contesta impresionado de que yo sólo sepa decir “all i pebre” y por necesidades culinarias, pero sólo después me entero de que fue una respuesta medio irónica. En los intervalos las charlas han sido una mezcla de castellano, italiano y catalán dado al gran número de participantes de Vic y Barcelona, Nápoles y Bari, pero dio su  ponencia en inglés por razones de conveniencia. 

Su ponencia se titula ¿“Why can´t we all be queer”? Eso digo yo, ¿por qué?, ¿por qué no tenemos esa visión abierta y feliz de la vida que va más allá de identidades sexuales o de género?

Chris nunca ha salido del armario, porque (desde los últimos años de sus adolescencia) nunca ha estado dentro. Vino a Madrid por primera vez en 1985, en los últimos estertores de la Movida. Cuando le conocí en 1993, en un curso de verano en la Universidad de Túnez y bailábamos por la calle despreocupadamente al ritmo de “All that she wants” de “Ace of base”, no imaginaba que veintitantos años más tarde, tras varios encuentros en distintos escenarios, íbamos a seguir igual, aunque con bandas sonoras diferentes. Eso sí, ABBA y Alaska y Dinarama se mantienen…

Esta vez estamos en Madrid, por donde sólo pasa unas horas, las suficientes para vernos, improvisar un duo de Diana Ross y Lionel Ritchie, y otro de …

- ¡Me pido Bradley Cooper!

- ¡Bien!, - digo pensando que me va a dejar hacer de Lady Gaga…

También nos da tiempo a hablar de nuestras idas, venidas, penas y alegrías, e incluso a hacer una sesión rápida de fotos. Le hablo de Flippity Flop y de la sección del “Gato Señora”, para la que parece haber aparecido como caído del cielo. Le gusta y acepta. Quedamos en seguir la entrevista por email o wassapp.

- Un día de estos te mando la entrevista - le wassappeo ayer mismo.

- Querrás decir las preguntas ¿no? - contesta inmediatamente

- eso, eso… - respondo 

- ¡Pensé por un segundo de duda o amnesia que ya la habíamos hecho! Es que ya llevamos más de 26 años de diálogo en tres continentes, en muchos idiomas y muchos rollos, casi todos buenos; ¿será por eso? - 

- jajaja, debe de ser por eso…-

Al día siguiente se la mando. A ver cómo nos apañamos…

Christopher Larkosh
Foto: LARA HERNÁNDEZ

- Chris, en primer lugar, cuéntanos algo sobre ti… ¿dónde vives y trabajas en este momento?

Soy profesor asociado de portugués en la Universidad de Massachusetts, en Dartmouth, Nueva Inglaterra, y doy cursos de lengua, literaturas lusófonas y lusoamericana, traducción y teoría literaria,…incluso teoría “queer”.

- ¿Qué es ser “queer”?

De hecho, no es exactamente lo mismo que ser “lgbt”. No es afirmar una sola identidad sexual definida, pero sí es politizar hasta cierto punto las maneras en que “cada uno de nosotras” ve lo personal en lo político y viceversa. Eve Kosofsky Sedgwick era una de las pensadoras más fundacionales, pero en la práctica era una mujer casada con un hombre. Lo importante era cómo usaba su posición a favor de gente más vulnerable.  Es en ese sentido que llega a ser queer para mí. 

- ¿Cual es la diferencia entre queer y gay?

Ahí está en Sedgwick, al menos para mí. Como hombre gay/queer veo cómo esa identidad puede ser instrumentalizada como herramienta para excluir a otras personas desprotegidas, más vulnerables. Yo no quiero luchar por mis propios derechos de igualdad, sino por los de otras personas con aun menos poder de cambiar las cosas.  Así intento ser queer; es una lucha constante, algo que no se alcanza sin trabajo a favor de otras personas, abriéndoles espacios institutcionales como en la universidad donde trabajo. Si otras personas me consideran como feminista, o como queer, entonces puedo decir que lo he hecho bien en ese sentido. 

- ¿Con cuál de los dos te quedas?

Me quedo con gay como tanto tú como yo nos quedamos con nuestros pasados. En cuanto al presente y el futuro, espero poder quedarme con queer. Mi trabajo será la prueba.  

- Y dime: ¿Por qué no podemos todos ser queer?

Porque muchas personas no tienen el compromiso suficiente. No ven las ofensas contra otras personas como una ofensa contra su propia humanidad.  

- ¿Ser “queer” y “hetero” es muy normal?

Quizás la pregunta no es qué es muy normal, sino qué se hizo banal. Tengo más en común contigo con el paso de los años; una sensibilidad, un vocabulario cultural compartido, aun cuando pasamos años sin vernos. Tú eres normal para mí, y yo para ti, espero.  

- A estas alturas de la película, ¿todavía quedan muchos armarios sin abrir?

El armario como tú sabes, es siempre un secreto entreabierto; es por eso que la persona que está en el armario a veces es la única que no sabe que sus amistades, colegas, vecinos etc...ya están al tanto. Los armarios que se quedan por abrir son los de nuestros políticos cada vez más autoritarios, que mienten no sólo sobre sus vidas sexuales, sino sobre el futuro ecológico de nuestro planeta, las razones para la desigualdad económica mundial, y la avería de nuestros sistemas de democracia civil. Ahí es precisamente donde deberíamos exigir más transparencia.  

- ¿Conoces algún sitio donde la homofobia esté totalmente superada?

Mi cocina. Todavía estoy trabajando en liberar mi salón. No, en serio, hay muchos lugares, como aquí en las grandes ciudades de la Península Ibérica o en mi Nueva Inglaterra natal, donde hemos logrado un grado de libertad e igualdad casi inimaginable hace 25-35 años. Otros, como sabemos, mucho menos. Sigamos por ese rumbo.  

- ¿Cómo crees que afecta el género al escribir? ¿Es tan importante?

No creo que siempre sea tan importante. No escribimos igual para cada público. Y a veces, cuando se trata de personas marginadas o sujetas a violencia, es muy importante.  Yo sólo pido que seamos sensibles al dolor y experiencias vividas de todas las demás personas en nuestro entorno, no importa cuál sea su identificación de género, etnia, sexualidad, nacionalidad o idioma. Cada una de estas diferencias que existe “entre nosotres” nos dá la oportunidad de aprender y crecer. 

- Por poner un ejemplo popular, aquí nunca se entendió del todo por qué Ana Torroja era la voz femenina de Mecano desde un punto de vista masculino…

¡Siempre me encantaron tus referencias a la cultura popular española!  Hay tanto “genderfuck” en lo que ya teníamos en los 80s y 90s del siglo pasado.  Tenemos que seguir desarrollando espacios de libertad de expresión justo ahí. Cuando somos jóvenes, con nuestras sonrisas perfectas y convincentes, a veces no vemos los cielos rasos de cristal que nos esperan en el futuro, las limitaciones con las cuales gente como tú y yo lidiamos hoy en día. Yo quiero saber que todas mis amistades pueden continuar a avanzar sin limitaciones impuestas desde fuera, comenzando con las presentes aquí y ahora, es decir, como tú. 

- Y por último, ¿qué eres más: gato o señora?

Comparto mi casa con un gato por primera vez en muchos años; es una experiencia divertida, por no decir hilarante, que despierta muchas dimensiones de mi (des)conocimiento, y sobre todo mucha alegría. Así que a esta altura, me parece que soy toda una señora, siempre con banda sonora.


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