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Salir del engaño: Mesa redonda con Laura Gutman

17 diciembre 2021. 8:42 am

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La biografía humana de Laura Gutman, una nueva metodología al servicio de la indagación personal

Las palabras de Laura Gutman, creadora del método de indagación personal que ha bautizado como La Biografía Humana (BH), pueden sonar demoledoras e implacables para el que las oiga por primera vez. Sin embargo, tras su visión aparentemente crítica y negativa de la infancia y el maternaje, hay un mensaje muy esperanzador. Los seres humanos somos esencialmente amorosos y podemos volver al amor siempre y cuando estemos dispuestos a mirar nuestros engaños individuales, en definitiva, si estamos dispuestos a hacer frente a nuestra sombra. 

Los seres humanos somos esencialmente amorosos y podemos volver al amor siempre y cuando estemos dispuestos a hacer frente a nuestra sombra

Para entender la visión de Laura hay que empezar por el principio: el diseño original del ser humano.

En sus propias palabras: “somos mamíferos y nacemos con una exquisita capacidad de amar”.  Al igual que cualquier otro mamífero, los humanos nacemos con unas necesidades muy concretas para desarrollarnos en plenitud y desplegar esa capacidad amorosa que nos define. Necesitamos ser amados, protegidos, cuidados y nutridos, física y emocionalmente por el cuerpo cálido y la presencia generosa de una madre entregada.  La dedicación absoluta de una madre hacia su criatura, algo que en un animal aceptamos como obivo y necesario, en el caso del bebé como mínimo nos incomoda, debido a nuestros condicionamientos sociales y culturales, queremos modificar, limitar, externalizar, racionalizar e incluso, en casos extremos, eliminar el hecho materno. Juzgamos fácilmente la influencia de la madre como algo que si no se controla de alguna forma va en detrimento del desarrollo deseable de la criatura humana en sociedad. 

Desde tiempos inmemoriales existe en nuestra cultura la incuestionable idea de que es positivo para el desarrollo del ser humano separar a la madre del niño lo antes posible.  La famosa frase atribuida a los jesuitas “Dame los primeros siete años de vida de un niño y te diré lo que será el hombre del mañana”  resume lo que empíricamente conocen y utilizan los sistemas patriarcales desde hace siglos para perpetuar la cultura de guerra, violencia y dominación que impera desde que hay registros historicos conocidos. La separación temprana de la madre y el niño no es un error inocente, sino una estrategia deliberada para violentar y dominar a la criatura nacida. 

Tenemos tan asumida la violencia hacia los niños que, no sólo no la registramos como tal sino que, lo más frecuente es que sean las propias madres las primeras que depreden y ejerzan violencia sobre sus hijos

laura gutman
Foto: dane_mark

Tenemos tan asumida la violencia hacia los niños que, no sólo no la registramos como tal sino que, lo más frecuente es que sean las propias madres las primeras que depreden y ejerzan violencia sobre sus hijos.  Prueba de ello es que, aunque no seamos padres, todos hemos oído a alguna madre e incluso puede que dicho nosotros mismos alguna vez con total naturalidad frases como “¡no le hagas caso que se mal acostumbra!”, “ un buen cachete a tiempo…”, “si no te terminas la cena castigado”, “como no recojas tu cuarto te vas a la cama sin cenar”, “a mi me pegaron y no he salido tan mal”, “esto es así porque lo digo yo”,  “es que es muy demandante, siempre está pidiendo atención”, “es muy caprichoso”, ”uy pero si tu ya eres demasiado mayor para llorar por eso”, “déjale llorar que te toma el pelo”.  ¿Qué pensaríamos si alguien osase decir algo ligeramente parecido en el contexto de alguna de las minorías maltratadas que tanto defendemos hoy día? Alzaríamos las manos a la cabeza, rasgaríamos nuestras vestiduras… y sin embargo nos parece lo más adecuado cuando se trata de un bebé o un niño. Visto desde este ángulo, el nivel de violencia que hemos recibido y seguimos infligiendo en los niños es abrumador.

Los bebés y niños humanos somos extremadamente dependientes física y emocionalmente hasta una edad muy avanzada. Las criaturas humanas necesitamos ser amparadas por una figura maternante como está previsto en nuestro diseño original hasta que logramos funcionar de manera independiente en nuestro entorno. En caso contrario entramos en estado de alerta y se dispara el modo de supervivencia. Un estado que, sostenido de forma sistemática durante nuestra infancia, merma de por vida nuestra capacidad para desplegar nuestra esencia.  La historia ha demostrado, una y otra vez, que cuando los seres humanos nos distanciamos de nuestro ser esencial, de alguna forma nos animalizamos, nos desconectamos de aquello que nos hace únicos y genuinamente humanos, perdemos conciencia de nuestra sabiduría innata, de nuestro poder creador, de nuestra libertad y de nuestro destino. Nos convertimos en seres fácilmente manipulables que no confiamos en nuestra intuición sino que buscamos las verdades y respuestas en el afuera y acabamos poniendo nuestros recursos al servicio de una autoridad y un supuesto saber externo. 

Cuando perdemos conciencia de nuestra sabiduría innata nos convertimos en seres fácilmente manipulables que no confiamos en nuestra intuición, sino que buscamos las verdades y respuestas en el afuera y acabamos poniendo nuestros recursos al servicio de una autoridad y un supuesto saber externo

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Foto: dane_mark

Es más, cuando hemos sido violentados desde el nacimiento, creciendo en perpetuo modo de supervivencia distanciados de nuestro ser esencial, somos incapaces de conectar con el otro desde un lugar que no sea violento. Bien sea depredador o competencia, si somos francos con nosotros mismos, sólo hay dos opciones para el prójimo, o es alguien de quien obtener algo, o es un enemigo. 

Desde hace siglos tenemos tan quebrada la esencia fraterna y amorosa que nos define como humanos que, para evitar nuestra autodestrucción, necesitamos leyes externas que impongan normas y así garantizar que nuestra libertad individual termine donde comienza la del vecino. No somos capaces de vivir naturalmente en ese fino equilibrio entre lo individual y lo colectivo que nacería espontáneamente en una sociedad compuesta de individuos conectados con su esencia amorosa.

El sistema que desde la cuna tiene como consecuencia el distanciamiento sistemático del individuo de sí mismo no es otra cosa que la educación. En sí misma, la educación, no es más que una consecuencia natural de la pertenencia del individuo a una sociedad. El hecho de instruir a los niños en los valores del entorno bien sean económicos, estéticos, culturales, éticos, etc., es deseable porque favorece la supervivencia del individuo en ese entorno. Sin embargo, la “buena educación” y la mayoría de sistemas escolares desde la antigüedad, y de forma muy evidente desde la revolución industrial, han tenido entre sus objetivos el control y la uniformidad de la sociedad, buscando la disolución de la individualidad y del pensamiento independiente y crítico.

La desconexión histórica ha generado generaciones de mujeres que desconocemos la esencia de lo femenino.  Endurecidas, frías, cortadas, secas, anestesiadas emocional y, en muchos casos, físicamente, peleamos en una sociedad masculinizada donde el concepto de éxito es inseparable de la competitividad y la productividad.  Somos nosotras, las mujeres masculinizadas, las que, incapaces de sentir a nuestras criaturas, perpetuamos el desamparo transgeneracional y entregamos a nuestros hijos al entorno. Que amamos lo mejor que podemos no hay duda, pero generalmente de forma inconsciente y escudadas tras mil excusas avaladas por expertos y el entorno, elegimos, por encima de nuestras crias, salvarnos a nosotras mismas para poder seguir existiendo en un mundo que por sobretodo valora lo tangible. La entrega materna junto con el tradicional sistema educativo nos deja de niños desamparados a merced del entorno, que nos programa con creencias, valores y códigos de comportamiento que vamos adoptando como propios y en muchos casos como la única verdad, olvidando nuestro ser esencial y nuestra brújula interna.

Bajo este prisma y sobre todo en la era de la información, es de esperar que seamos incapaces de discernir lo verdadero de lo falso.  Nuestra capacidad de ver la realidad está anulada y la realidad que creemos verdadera tan tergiversada que, igual que fuimos presa en la infancia del discurso materno y la programación del sistema, a día de hoy, aunque nos creamos libres, somos presas de cualquier narrativa, por poco creíble que sea, sobre todo si viene de parte de cualquier ente que consideremos una autoridad o experto. Es más, frecuentemente esas narrativas se convierten en dogmas si vienen con envoltorio de estudio científico o bata blanca.

Somos presas de cualquier narrativa, por poco creíble que sea, sobre todo si viene de parte de cualquier ente que consideremos una autoridad o experto

Dicho esto, el futuro no tiene porqué ser tan negro. La posibilidad de un mundo verdaderamente más libre está presente en cada uno de nosotros. Del mismo modo que cada vez que nace una criatura humana hay una nueva oportunidad para desplegar la esencia amorosa y divina del ser humano,  cada vez que uno de nosotros decide iniciar un proceso de indagación profundo y poner consciencia sobre su historia hay una nueva oportunidad para arrojar luz sobre la sombra, salir del engaño y volver a la verdad

laura gutman

En esta entrevista Laura Gutman, con su habitual franqueza, nos habla sobre su visión de cómo hemos llegado a la situación actual y cómo nos puede ayudar a deshacer el engaño colectivo ese viaje de autoconocimiento que es su Biografía Humana (BH). Sólo podemos agradecer el trabajo de personas como Laura, que dedican su vida a desarrollar herramientas que facilitan nuestro trabajo evolutivo.

Laura es investigadora de la conducta humana, creadora del método de indagación personal La Biografía Humana y ha publicado 13 libros. Estrenará su decimocuarto libro en Enero 2022 con el título “El engaño colectivo. Para pensar por fuera del rebaño”. 

Puedes vistar aquí su pagina web

Puedes ver la mesa redonda desde nuestro canal de YouTube , Twitch y la platafoma sin censura Brighteon.


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